Comunicado. La OMS informó que certificó que Georgia, después de casi un siglo de esfuerzos, está libre de paludismo. Con este anuncio, se suma a los 45 países y un territorio que han alcanzado este hito.
“Felicitamos al pueblo de Georgia por décadas de actuaciones selectivas y sostenidas para eliminar el paludismo, una de las principales causas de mortalidad en el mundo. El compromiso y el éxito de Georgia nos permiten albergar esperanza en la posibilidad de un mundo libre de paludismo”, declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS.
Hans Henri P. Kluge, Director Regional de la OMS para Europa, indicó: “Se trata de todo un hito que merece la pena celebrar; gracias al logro cosechado por Georgia, la Región de Europa de la OMS está un paso más cerca de iniciar los trámites para obtener la certificación como primera región del mundo libre de paludismo. Esto no ocurre porque sí, sino que ha sido el resultado de la inversión sostenida, la dedicación de los trabajadores de la salud y los esfuerzos específicos en materia de prevención, detección temprana y tratamiento eficaz de todos los casos de paludismo”.
La OMS otorga a un país la certificación de que se ha eliminado el paludismo cuando este demuestra, más allá de toda duda razonable, que se ha interrumpido la cadena de transmisión autóctona en todo el territorio durante al menos los últimos tres años.
El Ministro de Salud, Mikheil Sarjveladze, señaló que la certificación de Georgia como país libre de paludismo es un reconocimiento de la sostenibilidad de su sistema de atención de salud: “Este éxito demuestra que Georgia puede hacer frente a importantes desafíos en materia de salud”.
El paludismo ha asolado Georgia desde tiempos inmemoriales. Antes de que, a principios del siglo XX, se introdujeran iniciativas de control sistemático, al menos tres especies de parásitos del paludismo (P. falciparum, P. malariae y P. vivax) eran endémicas en el país. En el decenio de 1920, se estima que el 30% de la población sufría paludismo causado por el P. vivax.
Para 1940, los programas de control de mosquitos a gran escala habían ayudado a reducir notablemente los casos de paludismo gracias a un mejor acceso a los centros de diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, pocos años después, la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un nuevo aumento como consecuencia de los movimientos de población y de la presión a la que se vieron sometidos los establecimientos de salud.
En el periodo de posguerra, Georgia puso en marcha un programa intensivo destinado a eliminar el paludismo mediante medicamentos más nuevos, la fumigación con insecticidas y una sólida vigilancia entomológica. La campaña logró interrumpir la transmisión del P. falciparum en 1953, del P. malariae en 1960 y del P. vivax en 1970.
Georgia permaneció libre de paludismo durante 25 años, pero la enfermedad resurgió en el país en 2002, con 474 casos notificados.
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