Comunicado. Aunque el cáncer cervicouterino es una enfermedad prevenible, continúa cobrando miles de vidas cada año. En México se estiman más de 10,300 nuevos casos anuales y cerca del 95% están relacionados con infecciones persistentes por genotipos de alto riesgo de virus del papiloma humano (VPH) en el cuello del útero, una infección muy común que puede permanecer durante años en el organismo sin provocar síntomas visibles.
Por su naturaleza silenciosa, el diagnóstico oportuno resulta fundamental. En sus primeras etapas la infección suele pasar inadvertida y solo puede detectarse mediante pruebas de tamizaje, lo que vuelve clave fortalecer las estrategias de detección temprana.
Ante este panorama, la OMS lanzó en 2020 la Estrategia Global para la Eliminación del Cáncer Cervicouterino, basada en tres pilares: vacunación contra el VPH, detección mediante pruebas de alta precisión y tratamiento oportuno de lesiones precancerosas. La iniciativa busca que al menos 70% de las mujeres entre 35 y 45 años accedan a pruebas de detección, con el fin de identificar infecciones por genotipos de alto riesgo de VPH y cambios celulares tempranos que puedan evolucionar hacia cáncer cervical .
“Por ese comportamiento silencioso, el tamizaje periódico es fundamental. Detectar infecciones por VPH de alto riesgo o lesiones precursoras permite intervenir antes de que la enfermedad avance”, explicó Ana Karen Soto Sañudo, oncopatóloga y coordinadora del Departamento de Patología del Hospital Regional del ISSSTE “Dr. Manuel Cárdenas de la Vega” durante su intervención en la conferencia de prensa “Prevención y tamizaje: dueto perfecto contra el cáncer cervicouterino”, realizada en el marco del Día Mundial de la Prevención del Cáncer Cervicouterino que se conmemora el 26 de marzo.
En este contexto, existen herramientas diagnósticas que están fortaleciendo la capacidad de los sistemas de salud para detectar la enfermedad en etapas tempranas. Una de ellas es la citología de base líquida, un método que preserva las células cervicales en un medio líquido antes de su análisis.
A diferencia del Papanicolaou convencional, este enfoque mejora la calidad de la muestra y facilita la identificación de alteraciones celulares tempranas. Plataformas basadas en este principio, adicionan enriquecimiento celular, método que ha mostrado incrementar hasta en 64.4% la detección de lesiones precursoras de alto grado frente al papanicolaou convencional.
Además, la muestra preservada permite realizar pruebas moleculares para detectar el VPH. Ejemplo de ello es son las pruebas moleculares para VPH de alto riesgo, que identifica el ADN viral detectando 14 genotipos asociados con mayor riesgo oncogénico de manera individual, incluidos los genotipos 16 y 18, relacionados con aproximadamente el 70% de los casos de cáncer cervical en el mundo.
“Las herramientas diagnósticas actuales permiten identificar, no solo la presencia del virus, sino también los genotipos asociados con mayor riesgo. Esto impulsa el mundo de la salud, al tiempo que ayuda a orientar mejor el seguimiento clínico y fortalecer los programas de detección oportuna”, señaló José Antonio Duarte, gerente de Asuntos Médicos de BD.
Finalmente, los especialistas coinciden en que la combinación entre vacunación contra el VPH; programas de tamizaje sostenidos y tecnologías diagnósticas más precisas representan hoy una de las estrategias más efectivas para reducir la incidencia y mortalidad por cáncer cervicouterino.

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