Comunicado. La American Heart Association y el American College of Cardiology, en colaboración con otras organizaciones médicas, desarrollaron la primera guía clínica dirigida a la prevención y manejo del síndrome cardiovascular-renal-metabólico, conocido como CKM por sus siglas en inglés. Este enfoque plantea atender de manera integrada condiciones que suelen coexistir, como obesidad, diabetes, hipertensión, alteraciones en lípidos, enfermedad renal y enfermedad cardiovascular.
De acuerdo con la información difundida por la American Heart Association, casi 90% de las personas adultas en Estados Unidos presenta al menos un factor de riesgo asociado con este síndrome, entre ellos exceso de peso, presión arterial elevada, glucosa alta, lípidos anormales o reducción de la función renal.
La guía busca que el personal de salud identifique estos riesgos desde etapas tempranas y actúe antes de que aparezcan complicaciones como infarto, insuficiencia cardiaca, accidente cerebrovascular, enfermedad renal avanzada o fibrilación auricular. El documento también propone una atención coordinada entre distintas especialidades para evitar que el paciente sea valorado de forma fragmentada.
El síndrome CKM describe la relación entre tres sistemas del organismo: el cardiovascular, el renal y el metabólico. La American Heart Association explica que estos sistemas están estrechamente conectados, por lo que una alteración en uno de ellos puede afectar a los demás. Bajo esta visión, la obesidad, la diabetes tipo 2, la enfermedad renal crónica, la hipertensión y las enfermedades del corazón forman parte de un mismo continuo de riesgo. Por ejemplo, una persona con diabetes puede desarrollar daño renal; a su vez, la enfermedad renal puede incrementar el riesgo de insuficiencia cardiaca o eventos cardiovasculares.
El documento para pacientes elaborado por la AHA señala que el riesgo asociado al síndrome CKM puede avanzar de forma silenciosa. Muchas personas no presentan síntomas en las primeras etapas, por lo que el tamizaje y la vigilancia periódica permiten reconocer alteraciones antes de que se manifiesten como una emergencia médica.
La guía recomienda evaluar de forma periódica indicadores que permiten conocer el estado del corazón, los riñones y el metabolismo. Entre ellos se encuentran la glucosa en sangre, la presión arterial, el perfil de lípidos, el índice de masa corporal o la circunferencia de cintura, así como dos mediciones relacionadas con la función renal: la tasa estimada de filtración glomerular y la relación albúmina-creatinina en orina. La inclusión de pruebas renales dentro de la evaluación cardiovascular representa uno de los cambios más relevantes del enfoque CKM. De esta manera, el daño renal deja de verse como un problema separado y se incorpora al cálculo del riesgo cardiometabólico.
La guía también incorpora el uso de las ecuaciones PREVENT, una herramienta de predicción que estima el riesgo de enfermedad cardiovascular a 10 y 30 años. A diferencia de calculadoras previas, este modelo integra variables metabólicas y renales para ofrecer una lectura más completa del riesgo.
La American Heart Association subraya que la prevención del síndrome CKM parte de cambios sostenidos en hábitos de vida. Su propuesta se alinea con Life’s Essential 8, un conjunto de medidas que incluye alimentación saludable, actividad física regular, control del peso, manejo de presión arterial, glucosa y colesterol, evitar el tabaco y dormir lo suficiente.
La guía también reconoce que, cuando los cambios de estilo de vida no son suficientes, pueden considerarse tratamientos farmacológicos o quirúrgicos según el perfil de cada paciente. Entre las opciones mencionadas se encuentran medicamentos para controlar presión arterial, colesterol, glucosa y peso, además de terapias que protegen corazón y riñones.
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