Comunicado. Guillermo Murra, general manager de GE HealthCare México, indicó que la hipertensión es una de las enfermedades crónicas más prevalentes y, al mismo tiempo, una de las menos controladas, lo que la convierte en un factor de riesgo crítico para enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones graves.
De acuerdo con la OMS, en 2024, 1,400 millones de adultos entre 30 y 79 años en todo el mundo padecían hipertensión, lo que equivale al 33% de la población. Lo más preocupante es que cerca el 44% desconocía su condición, lo que evidencia una brecha significativa en la detección y el control de esta condición.
La situación en América Latina y el Caribe no es muy diferente y mantiene una tendencia preocupante. Según la OPS, al menos 30% de la población vive con hipertensión y en algunos países esta cifra aumenta hasta 48%, pese a los avances de detección, lo que evidencia los retos persistentes en su control. Es importante si consideramos que las enfermedades cardiovasculares —estrechamente vinculadas a esta condición— siguen siendo la principal causa de muerte en la región, lo que refuerza la urgencia de atender este problema de manera integral.
En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que 41.5% de las personas adultas del país vivía con hipertensión en 2024. Además, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) y actualizaciones del sector salud estiman que, durante 2023, 43% desconocía tener esta enfermedad y sólo 36.3% de los diagnosticados y tratados tenía valores de presión arterial bajo control.
Ante este panorama, los sistemas de salud enfrentan el desafío de evolucionar hacia modelos más preventivos, conectados y basados en datos. En este proceso, la tecnología médica es un habilitador clave para transformar la atención de enfermedades crónicas como la hipertensión.
Hoy, las soluciones tecnológicas permiten un monitoreo más preciso con la integración datos clínicos provenientes de múltiples fuentes, generando una visión más completa del paciente. A través del análisis avanzado de información, es posible identificar patrones de riesgo, anticipar complicaciones y apoyar decisiones clínicas más oportunas. En enfermedades de alta prevalencia, como la hipertensión, esta capacidad puede ser la diferencia entre intervenciones tardías y prevención efectiva.
Además, el uso de inteligencia artificial (IA) comienza a optimizar procesos clínicos al facilitar la interpretación de grandes volúmenes de datos, reducir tiempos de análisis y priorizar casos de mayor riesgo. Esto mejora la eficiencia operativa en hospitales y clínicas, así como también contribuye a aliviar la carga de trabajo del personal de salud, permitiéndoles enfocarse en la atención directa al paciente.
Otro avance relevante es la expansión del monitoreo remoto, que permite dar seguimiento continuo a pacientes fuera del entorno hospitalario. Este enfoque favorece la adherencia al tratamiento, mejora el control de la enfermedad y promueve una participación más activa del paciente en el cuidado de su salud.
Pese a estos avances, el impacto de estas innovaciones depende de la implementación efectiva. La interoperabilidad de sistemas, la usabilidad de las herramientas y su integración en la práctica clínica diaria serán determinantes para lograr resultados sostenibles. La tecnología tiene que estar alineada con las necesidades reales de quienes la utilizan para poder ayudar a transformar los sistemas de salud.
Hoy también publicamos las siguientes notas y más...
LG Electronics amplía su portafolio de monitores médicos
Las herramientas moleculares amplían su papel en la investigación de zoonosis en México
