Agencias. La FDA anunció que está tomando medidas para acelerar el desarrollo de nuevos tratamientos para enfermedades mentales graves como la depresión, tras una orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unido, Donald Trump.
La orden ejecutiva instruyó a la FDA a otorgar vales de prioridad nacional del comisionado a fármacos psicodélicos que tengan la etiqueta de “terapia innovadora”, lo que podría reducir el tiempo de revisión de los seis a diez meses habituales a uno o dos meses.
De acuerdo con la Alianza Nacional para la Enfermedad Mental (NAMI), aproximadamente el 23.4% de los adultos estadounidenses padecieron una enfermedad mental en 2024, mientras que el 17.6% de los veteranos estadounidenses la padecieron en 2023.
El organismo regulador de la salud indicó que emitirá vales de prioridad nacional a tres empresas que desarrollan tratamientos psicodélicos.
De las tres compañías, dos están investigando la psilocibina para la depresión resistente al tratamiento y el trastorno depresivo mayor, y otra investiga la metilona para el trastorno de estrés postraumático.
“Estos medicamentos tienen el potencial de abordar la crisis de salud mental del país, incluyendo afecciones como la depresión resistente al tratamiento, el alcoholismo y otros trastornos graves de salud mental y abuso de sustancias”, declaró Marty Makary, comisionado de la FDA.
Si bien la FDA no reveló los nombres de las compañías, Compass Pathways está desarrollando una forma sintética de psilocibina para la depresión resistente al tratamiento, el Instituto Usona investiga la psilocibina para el trastorno depresivo mayor y Transcend Therapeutics investiga la metilona como un posible tratamiento para el TEPT.
La ibogaína es el único psicodélico mencionado en la orden ejecutiva, aunque el LSD, el MDMA y la psilocibina también se están estudiando en ensayos clínicos a gran escala en Estados Unidos para diversas afecciones de salud mental.
Tanto la psilocibina como la ibogaína están clasificadas como sustancias de la Lista I, lo que significa que actualmente no tienen un uso médico aceptado y presentan un alto potencial de abuso, según la Administración para el Control de Drogas (DEA).
La FDA también autorizó el primer ensayo clínico en Estados Unidos con noribogaína, un derivado de la ibogaína. La ibogaína se obtiene de un arbusto originario de África.
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