Relación intestino-cerebro redefine tratamiento del síndrome de intestino irritable

Comunicado. “El síndrome de intestino irritable (SII) está experimentando un aumento notable entre adultos”. Al respecto, el gastroenterólogo Javier Meza subrayó que “el enfoque actual del SII exige abandonar ideas simplistas y adoptar una medicina personalizada, donde la elección del probiótico correcto puede cambiar significativamente la evolución del paciente”.

La conferencia de Meza se realizó durante la Cumbre: “Flobiótica, la era del equilibrio interno”, llevada a cabo recientemente en Zihuatanejo, México, por Biocodex. En el evento se expusieron nuevas evidencias que indican que el SII no se trata únicamente de estrés o de un trastorno funcional, sino de una condición compleja donde intervienen la microbiota, la genética, la historia emocional y la comunicación entre el intestino y el cerebro.

El SII es un fenómeno multifactorial. El estrés prolongado y la modificación de hábitos alimenticios contribuyen al aumento de casos, particularmente en profesionistas y estudiantes.

Por ejemplo, durante y después del confinamiento por Covid-19, se detectó un aumento de casos. El estrés, junto con la infección viral, pudo alterar la permeabilidad intestinal y favorecer el paso de bacterias a través de la barrera intestinal, lo que desencadena inflamación y cambios en la microbiota.

La investigación actual demuestra que el intestino y el cerebro mantienen una comunicación bidireccional constante. Cuando este eje se altera, pueden aparecer síntomas como dolor abdominal, distensión, diarrea o estreñimiento.

Entre los mecanismos implicados destacan:

- Hipersensibilidad visceral, presente en cerca del 60% de los pacientes.

- Alteraciones en neurotransmisores como la serotonina y la dopamina.

- Inflamación intestinal de bajo grado.

- Disbiosis con menor diversidad microbiana.

- Disfunción de la barrera intestinal.

Este modelo explica por qué el SII no puede reducirse a “solo estrés”. ²

El SII tiene un origen multifactorial. Además de la alimentación y la microbiota, los especialistas identifican otros elementos clave:

- Eventos adversos en la infancia, como trauma emocional.

- Predisposición genética (hasta el 30% en gemelos monocigóticos).

- Dieta ultraprocesada.

- Uso frecuente de antibióticos.

- Infecciones gastrointestinales previas.

- Ansiedad y depresión.

- Contaminación ambiental.

Estos factores interactúan entre sí y aumentan la susceptibilidad al trastorno.

Hoy la recomendación es realizar un diagnóstico positivo basado en la clínica, utilizando los Criterios de Roma IV (un conjunto de pautas médicas internacionales para el diagnóstico de los trastornos gastrointestinales funcionales), mientras se espera la actualización a los Criterios de Roma V. Este enfoque permite reducir retrasos en los diagnósticos, con impacto directo en la calidad de vida y el rendimiento laboral.

Otro aspecto importante es ser cuidadoso con la calidad del probiótico que se emplea. “Actualmente hay gran oferta, pero pocos emplean una cepa específica bien estudiada, resistente y con altos estándares de calidad en su fabricación”, puntualiza Ana Sofía Osawa, Embajadora en México de la Biocodex Microbiota Foundation.

 


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