Comunicado. Recibir un diagnóstico neurológico cambia por completo la forma en que una persona entiende su salud. Saber cómo vivir con esclerosis múltiple no solo implica conocer la enfermedad, sino aprender a adaptarse a sus síntomas y mantener una vida lo más plena posible.
En México, este tema cobra relevancia. Con base en datos de la Secretaría de Salud, cerca de 20 mil personas viven con esclerosis múltiple en el país. A nivel global, se estima que hay alrededor de 2.5 millones de pacientes, lo que confirma que se trata de una condición más común de lo que suele pensarse.
Aunque no tiene cura, hoy se sabe que muchas personas pueden mantener una buena calidad de vida con esclerosis múltiple si siguen un tratamiento adecuado y adoptan ciertos hábitos. “Si bien la esclerosis múltiple no tiene cura, existen muchos tratamientos y estrategias para manejar los síntomas dentro de un plan integral”, explicó Michael Levy, neuroinmunólogo del Instituto de Neurociencias de Mass General Brighman.
La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune que afecta el sistema nervioso central, es decir, el cerebro, la médula espinal y los nervios ópticos. Ocurre cuando el sistema inmunológico ataca la mielina, una capa que recubre las fibras nerviosas y permite que las señales eléctricas viajen correctamente. Cuando esta capa se daña, la comunicación entre el cerebro y el resto del cuerpo se vuelve menos eficiente.
Las causas y síntomas de la esclerosis múltiple en adultos pueden variar mucho de una persona a otra, pero suelen incluir fatiga constante, problemas de equilibrio, dificultad para caminar, alteraciones en la visión y rigidez muscular.
En México, además, se ha observado que la enfermedad afecta más a mujeres que a hombres, en una proporción de 2.3 a 1, y suele aparecer con mayor frecuencia alrededor de los 25 años, según la Secretaría de Salud.
Entender cómo vivir con esclerosis múltiple y mejorar la calidad de vida implica adoptar un enfoque integral que combine tratamiento médico, monitoreo constante y cambios en el estilo de vida. Uno de los pilares es seguir el plan de tratamiento indicado por el especialista. Esto incluye medicamentos diseñados para modificar el curso de la enfermedad, conocidos como terapias modificadoras.
Estos tratamientos ayudan a: reducir la progresión de la enfermedad, disminuir la frecuencia de recaídas y a hacer menos severos los brotes.
“El tratamiento debe adaptarse a la vida de cada paciente, considerando sus necesidades, rutina y tolerancia a los medicamentos”, señaló el especialista en neuroinmunología.
Más allá de los medicamentos, el control de los síntomas es fundamental para mantener estabilidad. Cada persona experimenta la enfermedad de forma distinta, por lo que el manejo se personaliza. Algunas opciones incluyen los medicamentos para dolor, mareo o rigidez; fisioterapia y ejercicio; terapias complementarias como meditación o masajes. El ejercicio, por ejemplo, no solo ayuda a mejorar la movilidad, también impacta de forma positiva en el estado de ánimo. Esto es especialmente relevante, ya que la ansiedad y la depresión pueden formar parte del cuadro clínico.
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