Comunicado. Cuando pensamos en los efectos del sol sobre la salud, normalmente vienen a la mente las quemaduras en la piel o el riesgo de cáncer cutáneo. Sin embargo, pocas personas saben que los ojos también pueden sufrir daño importante por la exposición prolongada a la radiación ultravioleta (UV).
Especialistas en oftalmología advierten que la exposición crónica al sol puede acelerar el desarrollo de cataratas y favorecer enfermedades que afectan la visión, algunas de ellas de forma irreversible.
La radiación UV forma parte de la energía emitida por el sol. Aunque es invisible para el ojo humano, tiene la capacidad de producir daño en distintos tejidos del organismo. Los rayos UV se dividen principalmente en UVA y UVB. Ambos pueden afectar las estructuras oculares, especialmente cuando existe exposición solar frecuente sin protección adecuada.
Diversos estudios científicos han demostrado que el daño ocurre por mecanismos de estrés oxidativo e inflamación celular, alterando progresivamente tejidos como la córnea, la conjuntiva y el cristalino y por lo tanto, desarrollando las siguientes enfermedades.
El pterigión, conocido popularmente como “carnosidad”, es una de las enfermedades más asociadas a exposición solar crónica. Consiste en el crecimiento anormal de tejido sobre la superficie del ojo y puede llegar a afectar la visión.
La incidencia es mayor en personas que trabajan al aire libre, especialmente en zonas con alta radiación solar.
La radiación UV especialmente la UVB, se considera uno de los principales factores de riesgo para su desarrollo debido al daño acumulativo sobre el ADN celular. Puede presentarse como una lesión blanquecina, gelatinosa o elevada en la superficie del ojo, y aunque en etapas tempranas suele tener buen pronóstico, requiere diagnóstico y tratamiento oportuno por el oftalmólogo especialista.
El cristalino actúa como un filtro natural absorbiendo parte de la radiación solar, pero con los años ese mecanismo genera daño oxidativo y opacidad progresiva, por lo tanto, en personas con exposición crónica al sol, es común observar cataratas más avanzadas o a edades más tempranas.
“Muchas personas no perciben el daño de inmediato, porque los efectos de la radiación UV se acumulan con los años. Es común que pacientes con alta exposición solar comiencen a presentar dificultades visuales progresivas sin relacionarlas directamente con el sol”, agregó Claudia Adriana Cáceres Giles, adscrita de APEC Hospital de la Ceguera.
Además, ciertos entornos incrementan significativamente el riesgo. La nieve, por ejemplo, refleja hasta 80% más radiación UV que otras superficies, mientras que la altitud reduce la protección atmosférica natural. Superficies como agua, arena y concreto también reflejan la radiación, aumentando la exposición ocular incluso en días nublados.
Es importante recordar que el color oscuro del lente no garantiza protección. Si los lentes no cuentan con filtro UV certificado, pueden incluso aumentar el riesgo al provocar una mayor dilatación de la pupila y permitir el ingreso de más radiación dañina.
Hoy también publicamos las siguientes notas y más...
Europa aprueba tratamiento de AbbVie para migraña en adultos
