Importante monitorear el crecimiento y la actividad física para el desarrollo infantil: especialistas

Comunicado. Cuando pensamos en la salud infantil, solemos vigilar la alimentación, las vacunas o el rendimiento escolar. Sin embargo, hay un indicador del bienestar general que muchas veces pasamos por alto o justificamos con la idea de que "ya dará el estirón": la velocidad de crecimiento; y es que muchas de estas alteraciones son diagnosticadas cuando ya se han perdido años valiosos para alcanzar su máximo potencial de estatura.

En el marco del Día del Endocrinólogo Pediatra, expertos en salud explican la importancia de monitorear la estatura de la niñez como un hábito de salud preventiva. De acuerdo con la Ensanut 2020-2023), 13.9% de los niños menores de cinco años en México presenta talla baja, lo que equivale a que más de un millón de menores en el país se ubican por debajo de los estándares de crecimiento establecidos por la OMS.

Aunque varios de los casos de talla baja corresponden a variantes normales del desarrollo o a la genética familiar, en otros escenarios, la falta de centímetros puede ser la única señal visible de una condición médica, como la deficiencia de la hormona del crecimiento.

Es aquí donde el endocrinólogo pediatra se vuelve un aliado indispensable. Este profesional es el guía clínico capacitado para vigilar la velocidad de crecimiento, realizar una evaluación especializada y diagnosticar a tiempo cualquier alteración mientras los cartílagos óseos sigan activos.

De acuerdo con Aidy González Núñez, endocrinóloga pediatra, "identificar oportunamente la talla baja infantil permite intervenir de manera especializada. El estancamiento en la curva de crecimiento, secundario a un déficit de hormona de crecimiento, no solo afecta la estatura, sino que también impacta el metabolismo de la glucosa y la salud ósea, además de la fuerza muscular, la distribución de la grasa y los niveles de energía.  Por ello, debe ser tratado como un signo clínico prioritario que requiere una evaluación médica".

La genética dicta el potencial, pero los hábitos saludables determinan si se alcanza, por ello, la evidencia médica demuestra que realizar actividad física de forma regular, se asocia significativamente con una mayor velocidad de crecimiento en niños de nueve a 15 años.

La práctica deportiva de disciplinas como el atletismo, baloncesto, voleibol, futbol o natación estimula directamente los huesos y promueve la liberación natural de la hormona del crecimiento. Este estímulo continuo no solo incrementa la densidad ósea y mejora la composición corporal, sino que también optimiza el desarrollo de la columna y las extremidades, lo que resulta fundamental para alcanzar su estatura final idónea.

Tres señales de alerta que no se deben ignorar:

- El crecimiento se desacelera. Los niños crecen visiblemente menos centímetros que el año anterior.

- La ropa no cambia de talla. La ropa y zapatos tardan demasiado tiempo en dejarle de quedar.

- Diferencia marcada con su entorno. Es significativamente más bajo que la mayoría de sus compañeros de la misma edad y género.

El monitoreo de la estatura debe consolidarse como un hábito de salud preventiva en las familias mexicanas. La detección oportuna de la talla baja, acompañada de la guía de un endocrinólogo pediatra y la promoción del deporte estructurado, es la vía más segura para garantizar que el desarrollo biológico de los niños alcance su máximo potencial.

 

 

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