Comunicado. Un grupo de científicos británicos, por primera vez, aprobaron con éxito en pacientes vacunas que no necesitan mantenerse refrigeradas. Actualmente, la mayoría de las vacunas necesitan refrigeración o congelación, pero alrededor de la mitad se desperdician cada año, principalmente porque se vuelven inutilizables al calentarse o enfriarse demasiado.
En el ensayo, en el que participaron 60 voluntarios, la empresa Stablepharma transformó una vacuna líquida contra el tétanos y la difteria en una versión que no requería refrigeración, conservándola en forma de polvo seco durante un año a temperatura ambiente antes de mezclarla con agua e inyectarla.
Las vacunas suelen requerir un estricto control de la temperatura durante su almacenamiento y transporte, desde el momento de su fabricación hasta que se inyectan en el brazo del paciente. Esta práctica se conoce como la "cadena de frío" y resulta especialmente difícil en las zonas más pobres y remotas del mundo o en zonas de guerra, donde los frigoríficos pueden ser escasos y el suministro eléctrico poco fiable.
El Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención del Reino Unido (NIHR, por sus siglas en inglés) ha estado probando el nuevo enfoque "sin nevera". Esta nueva tecnología está inspirada en las plantas de resurrección, que se secan y parecen muertas durante una sequía, antes de volver a la vida cuando llueve.
Estas plantas producen grandes cantidades de un azúcar llamado trehalosa, que estabiliza las células de la planta durante una sequía. En el ensayo, se secó la vacuna contra el tétanos y la difteria con trehalosa para proteger sus componentes vitales.
Saul Faust, director del Centro de Investigación Clínica del NIHR en Southampton, afirmó que proporcionaba respuestas inmunitarias "equivalentes" a las de la vacuna convencional, además de ser "segura y bien tolerada" en los estudios de fase inicial. Y añadió: “Esto obviamente tiene el potencial de eliminar la dependencia de la cadena de frío, reducir el desperdicio y mejorar el acceso”.
Está previsto que en los próximos meses comience un ensayo clínico de mayor envergadura en el que participarán 160 personas. Esta sería la etapa final de la investigación, ya que la vacuna original ya está aprobada y autorizada, por lo que no es necesario realizar los ensayos a gran escala que se requieren para una vacuna nueva.
Los estudios se están realizando para cumplir el objetivo de la OMS de lograr una vacuna que sobreviva a 30 °C y 75 % de humedad relativa. Sin embargo, el equipo de investigación afirma que otros datos demuestran que los componentes de su vacuna también sobreviven a ciclos de temperatura entre -20 °C y +40 °C. Esto podría significar que la vacuna sea viable tras ser transportada en la bodega refrigerada de un avión y posteriormente en la parte trasera de un camión a altas temperaturas.
No existe una única razón por la que se desperdician y desechan las vacunas, pero la OMS estima que este es el destino de la mitad de todas las vacunas a nivel mundial. Esto puede deberse a daños durante el transporte, al vencimiento de la fecha de caducidad y a las dosis no utilizadas de los viales multidosis, pero un factor importante son las fallas en la cadena de frío.
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