Comunicado. Sanofi lanzó “Rompe el ciclo”, una campaña que utiliza inteligencia artificial (IA) para representar una realidad difícil de mostrar hasta ahora: cómo la dermatitis atópica grave (DAG) puede acompañar y condicionar a una misma persona en las distintas etapas de su vida, desde la primera infancia hasta la madurez.
La dermatitis atópica (DA) es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que puede provocar lesiones cutáneas, enrojecimiento y picor intenso. En sus formas graves, la enfermedad puede afectar a grandes áreas del cuerpo y asociarse a prurito persistente, sequedad, grietas, lesiones por rascado, infecciones cutáneas recurrentes y alteraciones importantes del sueño. Todo ello puede deteriorar significativamente la calidad de vida.
África Luca de Tena, presidenta de la Asociación de Afectados por la Dermatitis Atópica (AADA), indicó “Vivir con dermatitis atópica grave no es enfrentarse solo a un brote o a una etapa difícil. Es convivir, desde edades muy tempranas, con el picor, la falta de sueño y la incertidumbre de no saber cuándo volverá a aparecer. Esa carga va cambiando con los años: puede afectar al juego en la infancia, a la autoestima y las relaciones en la adolescencia, y a los estudios, el trabajo o la vida familiar en la edad adulta. Campañas como ‘Rompe el ciclo’ ayudan a mostrar todo ese recorrido y a que quienes viven con la enfermedad se sientan comprendidos y sepan que no están solos”.
Uno de los principales retos de la enfermedad es su repercusión emocional. La DA puede afectar a la autoestima, favorecer el aislamiento social y llevar a algunas personas a evitar actividades cotidianas o prendas que dejan la piel al descubierto. La DAG puede condicionar así experiencias aparentemente sencillas y limitar la forma en que una persona estudia, trabaja, se relaciona o disfruta de su tiempo libre.
Para hacer visible esta realidad, “Rompe el ciclo” presenta una pieza audiovisual creada con IA que sigue a una misma persona a lo largo de toda su vida. Mediante una narrativa en pantalla partida, el espectador contempla simultáneamente dos recorridos: el de una vida condicionada por la DAG y el de esa misma vida sin el impacto de la enfermedad. La historia recorre momentos reconocibles como la infancia, la adolescencia, el primer empleo, las relaciones personales y la llegada de los nietos. Este contraste permite entender, de forma directa y emocional, cómo una enfermedad grave y no controlada puede limitar oportunidades, experiencias y vínculos a lo largo del tiempo. La campaña se aleja así de una representación exclusivamente clínica para mostrar la carga acumulativa e invisible de la DAG.
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