Comunicado. El estrés parece inagotable y se ha descubierto que existe un factor adicional que afecta más de lo que se pensaba: el consumo de agua. Aunque suele hablarse de hidratación en términos de rendimiento físico, temperatura corporal o salud renal, cada vez existe mayor interés por entender cómo la cantidad de agua que se consume al día puede relacionarse con la respuesta del cuerpo ante situaciones y altos niveles de estrés.
Una investigación liderada por la Universidad John Moores de Liverpool, publicada en el Journal of Applied Physiology, encontró que una ingesta reducida de líquidos puede asociarse con el crecimiento de los niveles de estrés en el día a día. De acuerdo con el estudio, las personas que consumieron menos de 1.5 litros de agua al día presentaron niveles más elevados de cortisol, conocida como la hormona del estrés.
Con base en información publicada, cuando no se consume suficiente agua el cuerpo no sólo tiene sed, sino que también puede generar cambios importantes en el estado de ánimo y en la manera de enfrentar los retos, activando mecanismos defensivos de respuesta. Por ello, factores sencillos como dormir poco, alimentarse de manera inadecuada o no consumir suficientes líquidos pueden convertirse en un detonante relevante cuando se analiza el bienestar de manera integral.
“La hidratación es uno de los hábitos más sencillos y, al mismo tiempo, uno de los que más fácilmente dejamos de lado en medio de una jornada ocupada. Hablar de ello implica entender que mantener un consumo adecuado de agua forma parte de las condiciones básicas para que el organismo y el bienestar general funcione correctamente”, mencionó Guillermo Aguado, director general de bebbia, servicio de purificación por suscripción de Grupo Rotoplas.
Cuando el organismo no cuenta con una hidratación adecuada, pueden presentarse distintos efectos que impactan el funcionamiento cotidiano durante las jornadas de trabajo, las reuniones sociales y los planes personales, tales como:
- Puede disminuir el flujo sanguíneo al cerebro, afectando un funcionamiento óptimo y generando confusión y somnolencia durante el día.
- Aumenta la sensación de fatiga, lo que puede dificultar el desempeño durante una jornada de trabajo.
- Puede alterarse la regulación emocional, favoreciendo cambios bruscos en el estado de ánimo y en la manera en que se atienden los diferentes problemas.
- El organismo puede volverse más vulnerable frente al estrés, al tener que responder simultáneamente a las demandas del día y a un estado de hidratación insuficiente.
Tomar agua impacta directamente en las funciones cognitivas como la memoria, la atención y la velocidad de procesamiento. Mantenerse hidratados puede formar parte de los retos que ayudan al organismo a mantenerse alerta, especialmente en una región como México, donde el estrés laboral y las exigencias de la vida cotidiana forman parte de la conversación diaria sobre bienestar.
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