Comunicado. Hace casi dos décadas que estimular el cerebro con pulsos magnéticos dejó de ser un experimento de laboratorio. En 2008, la FDA autorizó la estimulación magnética transcraneal (TMS) para tratar la depresión en adultos que no habían mejorado con antidepresivos. Desde entonces se usa como complemento de los medicamentos y la psicoterapia, no como su reemplazo.
Actualmente, una nueva generación de esta técnica, de baja intensidad, se estudia en México en Alzheimer, depresión, tabaquismo, consumo de cannabis, síndrome de intestino irritable y rehabilitación después de un evento vascular cerebral. Qué ha demostrado, qué no y qué falta por probar serán las preguntas centrales de NEURORESEARCH 2026, el Encuentro Latinoamericano de Neuromodulación No Invasiva que se realizará en formato 100% virtual el 04 y 05 de noviembre.
“Durante años, la neuromodulación no invasiva ha evolucionado de una posibilidad científica a una herramienta con aplicaciones clínicas cada vez más relevantes. A través de este evento, que nos ha llevado a ser la comunidad más grande de neuromodulación de México, queremos abrir una conversación rigurosa y con tintes pedagógicos, sobre dónde estamos hoy, qué evidencia tenemos y cuáles son las preguntas que todavía debemos responder. Nuestro compromiso es impulsar la innovación responsable, acercando la investigación a la práctica clínica y poniendo siempre la evidencia y el bienestar de los pacientes en el centro”, afirmó Gabriel Villafuerte, Head of Clinical Research de Actipulse.
El cerebro funciona con electricidad. Sus neuronas se comunican mediante impulsos y ritmos de actividad, las llamadas ondas cerebrales. En la depresión, las adicciones o el Alzheimer, algunos de esos circuitos muestran patrones alterados: zonas que trabajan de menos, otras que trabajan de más, ritmos que pierden sincronía.
La neuromodulación reúne técnicas que buscan ajustar esa actividad desde fuera. La más estudiada es la estimulación magnética transcraneal. Una bobina colocada sobre la cabeza emite pulsos magnéticos que atraviesan el cráneo sin dolor y generan pequeñas corrientes en una región precisa de la corteza cerebral.
No requiere cirugía, anestesia ni hospitalización. El paciente permanece despierto y puede retomar sus actividades al terminar la sesión. Uno de los blancos más frecuentes es la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, una región relacionada con el estado de ánimo, la toma de decisiones y el control de impulsos.
Un tratamiento complementario. La neuromodulación no sustituye a los medicamentos, la psicoterapia o la rehabilitación. Se suma a ellos para potenciar sus resultados, por ejemplo, en pacientes que no han respondido lo suficiente al tratamiento convencional. Siempre debe indicarla y supervisarla un profesional de la salud, según la evaluación de cada paciente.
Lo que ya está demostrado
La TMS se presentó en 1985 en la Universidad de Sheffield, Reino Unido, y desde entonces acumula miles de estudios. En Estados Unidos, la FDA ha autorizado dispositivos de TMS convencional para:
- Depresión mayor en adultos que no mejoraron con antidepresivos (2008).
- Migraña con aura (2013).
- Trastorno obsesivo-compulsivo (2018).
- Apoyo para dejar de fumar (2020).
Estas autorizaciones corresponden a equipos de alta intensidad, cuyos pulsos hacen que las neuronas estimuladas se activen de forma directa. La distinción importa para entender la siguiente generación de la técnica.
La TMS de baja intensidad (Li-TMS, por sus siglas en inglés) usa campos magnéticos mucho más débiles. No obliga a las neuronas a dispararse. Los investigadores proponen que actúa sobre la plasticidad, la capacidad del cerebro de reorganizar sus conexiones, y sobre procesos antiinflamatorios. Sus equipos son más pequeños y portátiles, lo que podría facilitar el acceso al tratamiento.
Hoy también publicamos las siguientes notas y más...
Seis de cada 10 diagnósticos de cáncer de mama en México se realizan tarde
